Programa Anidar

Concepto

Arquitectura y niñez: construcción de la identidad colectiva

Las artes son lenguajes: la arquitectura, la música, la escultura, la pintura, la danza, el cine… Al igual que el niño aprende a escribir y leer textos, aprende a expresarse con música, bailando, pintando… Cada disciplina artística comunica de manera distinta y todas se complementan. Con las artes el niño expresa sus pensamientos, emociones y sentimientos. Sólo cuando nos expresamos tejemos la ciudad que nos cobija y nos da identidad.

Enseñar el valor del paisaje, el territorio y la arquitectura de nuestros barrios y ciudades desde la geografía, la historia o la biología, convierte a los niños en futuros ciudadanos críticos, capaces de actuar con sus propios valores e intereses en pos de crear personas responsables y de estimular el compromiso solidario.

El conocimiento de su territorio por parte de los niños se extenderá naturalmente a sus familias y vecinos desarrollando la identidad colectiva de las nuevas generaciones: desde la consciencia del presente se cultivan las actitudes críticas y ambiciosas del futuro.

La participación ciudadana en el diseño de la ciudad inclusiva

La arquitectura no es solamente un hecho urbano, es la interpretación de la ciudad como nuestro hogar, es el territorio donde convivimos colectivamente. La intervención en ella de los ciudadanos, y de los niños en particular, es a través de la participación.

El ambiente donde se enseña y aprende es en sí un educador. Sin embargo el ambiente educador se extiende mucho más allá del edificio escolar. La ciudad es educadora. La calidad de su libertad es el principal educador: “Si el arte ayuda a crecer, pensar y compartir, necesitamos un espacio social que proteja a todas las flores que nazcan, por raras que sean”.

La enseñanza de la arquitectura como disciplina artístico-técnica y la participación de los niños y sus familias en el uso y en el diseño de los espacios públicos -y de la ciudad en general- permitirá abordar los problemas específicos de la comunidad desde un lugar fresco e inspirador. La ciudad se deberá comprometer a escuchar y respetar la visión de los niños sobre la ciudad que quieren. El objetivo es profundo: es adaptar la ciudad, ya que si una ciudad es adecuada para la vida cotidiana de los niños, será una ciudad segura y cuidada.

El reconocimiento, la protección y el cuidado de los espacio públicos compartidos contribuyen a crear vínculos mucho más solidarios y responsables entre los habitantes de una ciudad y a tomar conciencia sobre los valores compartidos de sustentabilidad física y social.

El camino comienza con los niños en las escuelas y continua en las familias, hasta extenderse a toda la sociedad como protagonista activa de su propio destino.

La arquitectura es la herramienta.
El futuro es de nuestros niños.